domingo, 16 de julio de 2017
Intervenir
Como conté en la primera entrada de este blog, los Lachius son para intevenir.
Se puede tomar uno y recortarlo, dibujarlo, pegarle cosas, abollarlo...y mucho más, sin embargo, muy pocos lo están.
Las respuestas a la pregunta: ¿Por qué no lo intervenís? son de lo más variadas y pintorescas, pero hay dos que siempre se repiten y para las que he creado una especie de mecanismo de defensa.
1) Noooo, que esto es arte y yo no soy artista. Lo voy a arruinar.
2) Dejé de dibujar en primero de primaria.
A los primeros les respondo, que ya que son arte si no estarían dispuestos a comprarlos por cien pesos, un precio módico a la hora de adquirir una obra firmada. A lo que responden moviendo las manos rápidamente ¿cien pesos por una caja de cartón?
A los segundos les comento que soy profesora de arte y que sé que muchos padres completan los trabajos sus hijos para que estos no tengan la carpeta incompleta y con ella una mala nota.
¿Doble moral?¿Dónde?
El mundo en una cajita
Muchas venturas y desventuras he pasado recolectando cajitas para mis Lachius. La desventura de no notar sus presencias en nuestras vidas es la que más me sorprende.
No todas las cajitas son mías, algunas son rescatadas de la basura callejera y otras son donaciones.
Las donaciones son las menos. Cuando las pido, la gente suele responder: yo no tengo cajitas.
¿Cómo? estamos rodeados por ellas, casi todo lo que compramos viene en una caja.
Los caldos, los dentífricos, los medicamentos, los bizcochuelos, las galletas, la pizza...somos seres inconscientes hablando en términos de cajas.
Nos perdemos todo lo que tienen para brindarnos, desarmar una cajita abre una puerta a un mundo desconocido. Sus exteriores estan monopolizados con las estampas del mercado, pero sus interiores presentan cantidad de marrones, grises, blancos. presentan vetas, abolladuras, cortes y brindan tantas alternativas a la hora de dibujarles algo que uno las mira con cierto respeto y afecto.
No se toca.
Los que visitamos museos sabemos que no se puede tener acercamiento físico con la obra expuesta, ni se sobrepasa el límite establecido, suena una alarma o algún encargado te chista haciéndote retroceder.
Disculpen no soy rebelde sin causa, soy miope y no estoy queriendo atentar ante la obra, quiero verla.
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